Cuerpo

Luciana Pastor

En las últimas semanas, hemos sido testigos de la violencia epistémica y física desmedida con que el Estado chileno ha afrontado las movilizaciones sociales en diferentes lugares del país. Este modo colonial de responder a las múltiples expresiones de colectividades que resisten a la globalización neoliberal y que ejercen su legítimo derecho de protesta, ha sido una política estatal que puede ser evidenciada en los diferentes gobiernos de la transición democrática, tanto en los territorios del norte y centro, pero sobre todo en las comunidades indígenas del sur. La diferencia con la escena actual es que, por primera vez desde el inicio de la democracia, son los militares y fuerzas policiales quienes toman el control total de las calles de ciudades y también, de los cuerpos. Reaparece entonces, la herida crónica de Chile, lo inexpresable.

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